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	<title>Calma Digital &#187; Pensamientos</title>
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	<description>Una vida, todo un mundo.</description>
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		<title>Cuando&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 20:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>

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<p><strong>Autor</strong>: José Vergara González</p>
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		<title>No estás deprimido, estás distraído</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Aug 2010 13:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Unas interesantes reflexiones de Facundo Cabral: No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2010/no-estas-deprimido-estas-distraido/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Unas interesantes reflexiones de <a href="http://www.facundocabral.org">Facundo Cabral</a>:</p>
<p><code>No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que te puebla. Distraído de la vida que te rodea: Delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones.</p>
<p>Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco; algo fundamental para vivir.</p>
<p>No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como nadie a Chopin a los 90. Sólo citar dos casos conocidos.</p>
<p>No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada.<span id="more-2298"></span></p>
<p>Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados.</p>
<p>Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".</p>
<p>Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.</p>
<p>Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mando matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mäiller, Mozart, Chopin, Beethoven, Caraballo, Rembrandt, Velásquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.</p>
<p>Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.</p>
<p>No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.</p>
<p>Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruyan hay millones de caricias, que alimentan la vida.</code></p>
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		<title>Vístete de novia, y no corras</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 09:02:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>
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		<description><![CDATA[AUTOR: Arturo Pérez-Reverte &#8211; XLSemanal &#8211; 8 Junio 2008 Me van a volver diabético, entre tanto gilipollas. Nunca hubo tal cantidad de soplacirios en la política, el sindicalismo, la cultura, el feminismo, la sociedad. Empieza a alterarme la salud tanto &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2010/vistete-de-novia-y-no-corras/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: Arturo Pérez-Reverte &#8211; <a href="http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=3167&#038;id_firma=6350">XLSemanal</a> &#8211; 8 Junio 2008	</p>
<p><code>Me van a volver diabético, entre tanto gilipollas. Nunca hubo tal cantidad de soplacirios en la política, el sindicalismo, la cultura, el feminismo, la sociedad. Empieza a alterarme la salud tanto buen rollo y buenas intenciones, tanta mermelada a todas horas, tanta propuesta de besarnos masivamente en la boca para que las cosas vayan bien, tanta certeza de que con demagogia y corderitos de Norit triscando saltarines por el prado conseguiremos una España, un mundo, un universo mejor y más justo. Eso está bien para los jóvenes, cuya obligación antropológica, por edad y hormonas, es batirse en defensa de todo eso y de algunas cosas más. En tales lides se desbrava uno, y con el derroche de energía, si sobrevives a ello, y con la estiba que la realidad sacude en el morro, al final terminas madurando, camino de la serenidad, la experiencia y el razonable respeto a ti mismo, a lo que fuiste, eres y acabarás siendo. Ni más ni menos que la vida, en suma. El trámite obligatorio. </code><span id="more-2284"></span></p>
<p><code>Por eso me hace echar la pota el comportamiento y discurso de tanto simple, de tanto cantamañanas y de tanto golfo apandador entrado ya en experiencia y años. Toparte en cada telediario, en cada programa de radio, en cada titular de prensa, con simplezas propias de colegas de bachillerato dichas por pavos con canas en la barba, o por tordas con edad de ser abuelas, lleva a la inevitable conclusión de que, o estamos rodeados de retrasados mentales, o se trata de que los resortes sociales han sido secuestrados por una legión de embusteros y sinvergüenzas. Aunque también puede ocurrir que todo sea lo mismo: con frecuencia, un tonto al que nadie pone límites termina convirtiéndose, por puro hábito del ejercicio, en resabiado y contumaz sinvergüenza. Y más cuando, como ocurre ahora con triste frecuencia –antes sólo ocurría con la política–, es posible hacer de cualquier ideología un rentable medio de vida. </code></p>
<p><code>No se trata sólo de España, claro. Lo nuestro es simple contagio. El mundo –el occidental, al menos– apunta por ahí: cantamañanismo como espíritu universal. Eso, con la que está cayendo; aunque tal vez la que está cayendo –y la que va a caer– provenga precisamente de que, cada vez más, los resortes que mueven la vida y la sociedad están en poder de perfectos tontos del haba en el sentido parmenidiano –me parece que era ése– del asunto: redondos, compactos y sin poros. Hasta no hace mucho, teníamos el consuelo de saber que, en el fondo, nadie se creía de verdad lo que circulaba como moda o tendencia; más o menos lo que pasa en Italia con la política. El problema es que ahora ya no es así. Ahora, la gente empieza a creérselo todo en serio. Y a actuar en consecuencia. En la sociedad actual, la línea más corta entre dos puntos es la estupidez. Y la dictadura que, a la larga, nos impone. </code></p>
<p><code>Hay un símbolo reciente de todo eso. Pensaba en ello hace un momento, cuando empecé a teclear estas líneas: Pippa Bacca, la artista italiana de treinta y tres años que hace dos meses decidió viajar, vestida de novia y haciendo autostop, por algunos de los lugares más peligrosos del planeta, en nombre de la paz, para demostrar, decía, que «cuando uno confía en los demás recibe sólo cosas buenas». Lo del traje nupcial, ojo al dato, era «metáfora de un matrimonio con la tierra y con la paz, del blanco y del femenino»; y lo del autostop, «ponerse en manos de otros viajeros y fiarse de la gente». Con tales antecedentes, a lo mejor a alguien le sorprende que, a poco de empezar el viaje, Pippa Bacca fuese violada y estrangulada en la frontera entre Turquía y Siria por un fulano con antecedentes penales. A otros, que somos unos cabrones suspicaces y mal pensados, no nos sorprende en absoluto. A los sitios peligrosos se los llama así precisamente porque hay peligro. Y el principal peligro se llama ser humano, sobre todo cuando nos empeñamos en creer que los valores que predicamos en nuestras confortables salitas de estar, discursos políticos y tertulias de la radio y la tele, son los mismos que manejan un talibán cabreado con un Kalashnikov, un africano hambriento con un machete, o cualquier hijo de puta con pocos escrúpulos y ganas de picarle el billete a una señora. Por ejemplo.</code> </p>
<p><code>Dice el recorte de prensa que tengo sobre la mesa que a esa pobre chica la mató un turco desaprensivo. Pero, en mi opinión, el recorte se columpia. La mató la estupidez. La suya y la de la sociedad occidental, cada vez más idiota y suicida, que la convenció de que el mundo, en el fondo, es un lugar simpático que sólo necesita un traje de novia para convertirse en el bosquecito de Bambi.</code></p>
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		<title>“La Sombra”: Nuestra bomba de tiempo psíquica</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 07:28:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[AUTOR: Gustavo Fernández &#8211; Al filo de la realidad &#8211; 16-07-2010 El hombre de hoy tiene miedo, está temblando como un mediocre. No va con paso firme, sino que antes de poner el pie tantea a ver si el suelo &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2010/%e2%80%9cla-sombra%e2%80%9d-nuestra-bomba-de-tiempo-psiquica/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: Gustavo Fernández &#8211; <a href="http://alfilodelarealidad.wordpress.com/2010/07/16/la-sombra”-nuestra-bomba-de-tiempo-psiquica/">Al filo de la realidad</a> &#8211; 16-07-2010</p>
<p><code>El hombre de hoy tiene miedo, está temblando como un mediocre. No va con paso firme, sino que antes de poner el pie tantea a ver si el suelo no se hunde. Ha perdido por completo la emoción de la aventura. Encadenó al héroe que cada uno lleva dentro. Ya no se atreve a ser el gigante que es y se vuelve despreciable encogiéndose para no exponerse. Vivimos tiempos menguados de burócratas, aceptando con una bucólica sonrisa el trabajo mercenario. ¡Triste edad la que no se inflama con el viento de lo heroico! ¿Dónde quedó la gloria de vivir siempre cara al viento, peligrosamente? Hoy ya es una humanidad degradada que resbala en plena decadencia senil, habiendo perdido la ambición de tomar el Cielo por asalto.</code></p>
<p><code>Y cuando buscamos culpables de todas nuestras mediocridades y cobardías cotidianas, siempre los buscamos fuera de nosotros. Entonces es la brujería del vecino, los Illuminati, la corrupción del gobierno de turno, el jefe, la esposa o el esposo.</code></p>
<p><code>Y perdemos de vista a La Sombra.</code><span id="more-2282"></span></p>
<p><code>Si alguna vez se aplica un excesivamente exigente rasero a los aportes de la Parapsicología y el Control Mental así como la Autodefensa Psíquica y la Energotonía (1) al surgimiento del Hombre Nuevo —de cara a un contexto evolutivo dentro del Tercer Milenio— quizás pocas cosas sobrevivan. Pero una de ellas será, sin duda, ese concepto surgido de la psicología jungiana y explorado pragmáticamente por estas disciplinas y que llamamos La Sombra.</code></p>
<p><code>¿Pero qué es La Sombra? Nada más —pero también, nada menos— que el conjunto de los elementos autosaboteantes, autoboicoteantes, autodestructivos de nuestra propia personalidad. Todos esos elementos de nuestra vida psíquica especialmente inconsciente que tienden a la destrucción, la inercia, el facilismo, la negatividad, la disipación, lo entrópico y thanático (2) que aglutinados como un parásito dentro de nuestra esfera mental condicionan y sabotean nuestra vida cotidiana.</code></p>
<p><code>Desde casi siempre se sabe de la existencia de mecanismos de autoconservación, de supervivencia, en el psiquismo. Pero debió esperarse hasta mediados de los años ’60 para que el psiquiatra Karl Menninger definiera la existencia de mecanismos de autodestrucción: así como en nuestro inconsciente duermen reservas energéticas que se disparan ante situaciones de riesgo o límite permitiendo al individuo no sólo reaccionar positivamente con recursos que ignoraba que tenía, también duerme una verdadera “bomba de tiempo mental”: un conjunto de “engramas” (3) que, disparados con nuestro desconocimiento —y seguramente en absoluta oposición a lo que concientemente creemos que deseamos y buscamos— nos precipitan al fracaso. Los “actos fallidos” son un claro ejemplo. En el momento del clímax amoroso, aun cuando estamos convencidos de amar a la persona que está entre nuestros brazos, se nos escapa el nombre de otra persona. Ni nosotros mismos entendemos qué nos pasó; pensamos en él o ella como parte del pasado y sabemos que no existe el menor eco emocional ante su recuerdo… pero vayan a convencer de ello a la pareja todavía decepcionada por nuestro exabrupto. O estamos esperando ansiosos la entrevista laboral que tenemos mañana por la mañana en la que puede decidirse nuestro futuro… y nos quedamos dormidos. Ya hemos analizado en el ensayo “El conocimiento del verdadero Yo” (4) que generalmente esto se debe al conflicto entre los múltiples “yoes” que, por “agregación”, conforman lo que ilusoriamente tomamos por “el Yo”. Profundizando el análisis hecho en esa ocasión, debemos advertir que la “rotación” de yoes no es azarosa: es la pugna entre la parte luminosa y la oscura de nuestro inconsciente, el conflicto entre el Yin y el Yang, entre el Héroe y la Sombra lo que determina cuál “yo subordinado” se pone en determinado momento al mando. Y como en toda guerra, hay batallas ganadas y perdidas. Sí, La Sombra, que se construye con vivencias tristes sí, pero también con la calidad del aprendizaje cotidiano (5) tiene más influencia que el Héroe (6), entonces ella ganará la batalla. Y seremos unos eternos fracasados, mediocres, resentidos. Un suicida es, por tanto, un individuo en el cual La Sombra se ha realizado plenamente, pero no perdamos de vista que todos y cada uno de nosotros estamos luchando, conciente o inconscientemente, diariamente con ella. Y es un enemigo tan hábil, que se encarga de dirigir nuestra atención siempre hacia el “afuera”, a la búsqueda “allá” de enemigos. Que los habrá, qué duda cabe, pero sin olvidar que el peor está “aquí dentro”. Cuando un individuo hace un intento para ver a su Sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egoísmo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetito desordenado de dinero y posesiones… La Sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos: antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente.</code></p>
<p><code>La Sombra impulsa al ser humano al contagio colectivo, a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa. Cuando un hombre está solo, por ejemplo, se siente relativamente bien (7); pero tan pronto como “los otros” hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia Sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar. Esta es la raíz de la aversión que, por ejemplo en los hombres, provoca generalmente una escena de homosexualidad pero le excita una de lesbianismo.</code></p>
<p><code>La Sombra es también la causante de muchísimos conflictos políticos, sociales y religiosos; la agitación política por ejemplo, está llena de proyecciones de la Sombra en el enemigo o el traidor. La agitación política en todos los países está llena de proyecciones, en gran parte parecidas a los cotilleos de vecindad entre grupos pequeños e individuos. Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen también toda posibilidad de auténticas relaciones humanas.</code></p>
<p><code>La Sombra personifica al inconsciente personal pero también es una componente arquetípica ya que todos los seres humanos portan consigo una Sombra, un “aspecto sombrío” que actúa mediante la proyección de contenidos del inconsciente personal. Estas proyecciones conforman un comportamiento arquetípico que configura a la Sombra como un fenómeno colectivo. Además la Sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la Sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, cábiros, faunos, etc.</code></p>
<p><code>No podemos eliminar a La Sombra. Debemos comenzar por aceptarla (8) y vigilarla, siempre. El estado de mente “Ku”, al que nos referimos en nuestros cursos avanzados, el estado de la mente vacía pero alerta, tiene como objeto precisamente eso: vigilar, relajada pero expectante, a La Sombra. La Sombra busca atacar siempre desde la sorpresa, y si se sabe observada se retirará a un rincón donde esperará, agazapada, otra oportunidad. Si nuestra vigilancia es permanente (9) ella, simplemente, esperará. Pero no jaqueará el aquí y ahora de nuestra volición. Por ello, la integración de La Sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con La Sombra supone tener “conciencia crítica despiadada del propio ser”. La integración de La Sombra supone, tal y como nos dice el simbólogo junguiano Juan García Font (10) un “no tomarse demasiado en serio”, lo que está unido al humor para consigo mismo. Hay que burlarse un poco de uno mismo y de lo que uno considera importante, pero ¡cuidado…! no hay que desvalorarse: “Podemos estar hablando de cosas muy serias, pero estando al mismo tiempo en una actitud humorística. En la medida en que se establece un diálogo con La Sombra se establece un primer grado de integración. Lo cual se traduce inmediatamente en el lenguaje. Hay un lenguaje de La Sombra: el de la inspiración. Nosotros utilizamos en la comunicación una sintaxis convencional, social; mas sucede entonces que esta ordenación del discurso ahoga La Sombra. Y como La Sombra es el ser travieso, el ser que goza con el equívoco, en un momento dado rompe la estructura establecida. Así, el poeta, al ser un distorsionador del lenguaje, destroza significados para alcanzar un superior sentido y esto le permite dialogar con La Sombra. Un ejemplo sencillo de este lenguaje de La Sombra sería el siguiente: todos hemos oído ese refrán que dice “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Pues bien, La Sombra diría algo así: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se llena”. Este humor que abre ventanas a la inspiración es una forma de integrar a la Sombra. Y de esta manera se vitaliza; el espíritu penetra en la palabra. Por ello, en la medida en que La Sombra integrada (es decir, transmutada) penetra en el discurso y la activa, la carga de energía, y se produce un paso en la integración.</code></p>
<p><code>Cuando debemos enfrentarnos con nuestros problemas, nos resistimos instintivamente a seguir el camino que nos conduce a la oscuridad y las tinieblas. Deseamos oír sólo de resultados inequívocos, y nos olvidamos completamente de que dichos resultados sólo pueden lograrse cuando nos hemos aventurado y hemos regresado de las tinieblas. Pero para penetrar en la oscuridad debemos invocar todos los poderes de “iluminación” que nuestra conciencia pueda ofrecer. Llenar la mente consciente con concepciones ideales es una característica de la Teosofía occidental, pero no es la confrontación con La Sombra y el mundo de la oscuridad. Uno no llega a la “iluminación” imaginando figuras de luz, sino haciendo conciente la oscuridad. Ser imparcial con uno mismo es verse tal cual es, y desde allí integrar a La Sombra.</code></p>
<p><em>Referencias:</p>
<p>1. Comprender el concepto de La Sombra es inexcusable tanto para el progreso espiritual como el material, la protección psíquica de ataques de terceros y la búsqueda de conocimiento —especialmente en terrenos alternativos— por lo que el artículo aquí presentado es materia obligatoria en nuestros cursos avanzados de todo tenor.</p>
<p>2. Un hipotético futuro Paquete de Memoria Thanático (para los noveles, profundizar el concepto en numerosos artículos de AFR— comienza a gestarse, a incubarse, en La Sombra.</p>
<p>3. Estructura psíquica autónoma y autorreferencial.</p>
<p>4. “El conocimiento del verdadero Yo”, publicado originalmente en Al Filo de la Realidad N° 77.</p>
<p>5. Porque el verdadero problema en la vida no es sufrir: sino sufrir y no haber aprendido nada de ello.</p>
<p>6. En un sentido simplista, la parte “positiva”, a la que nos remitiremos en otra ocasión.</p>
<p>7. “Desafortunadamente, no cabe duda, de que el hombre es, menos bueno de lo que él se imagina que es, o de lo que quiere ser. Todo el mundo carga consigo una Sombra, y mientras menos incorporada esté en la vida consciente del individuo, es más densa y negra. Si una inferioridad es consciente, siempre habrá una oportunidad de corregirla. Además, está constantemente en contacto con otros intereses, por lo que está sujeta continuamente a cambio y modificación. Pero si se haya reprimida y aislada de la conciencia nunca se corregirá.” Carl Jung, “Psicología y Religión” (1938). En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.131.</p>
<p>8. Porque si hay una Sombra, es porque en algún lugar hay una Luz que la produce.</p>
<p>9. Lo que no significa una actitud de paranoia persecutoria, sino la autoobservación constante, la búsqueda de “verse desde afuera” y ser imparcial con uno mismo.</p>
<p>10. En conversación privada con el erudito Ángel Almazán.</p>
<p>11. A partir de aquí es evidente la relación de este concepto con las disciplinas que manejamos. Respecto de la Autodefensa Psíquica, la Sombra es el “aliado interior”, el Judas, quien desde el interior de la fortaleza abre las puertas al enemigo. Respecto de la Energotonía, es el sabotaje permanente desde el “yo mismo” a los intentos por transformar los deseos en Voluntad, condición sine qua non para el crecimiento material.</em></p>
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		<title>La felicidad&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 16:07:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces hemos intentado hacer felices a las personas que nos importan, pero no nos damos cuenta que su felicidad depende de ellas mismas&#8230;</p>
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		<title>Por qué cuesta automotivarse</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 21:28:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[AUTOR: XAVIER GUIX &#8211; El País &#8211; 28/11/2009 Mientras los estímulos nos llegan de fuera, estar motivado es más fácil. El problema empieza cuando las fuerzas, las ganas y la voluntad tienen que partir de uno mismo y se nota &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2009/por-que-cuesta-automotivarse/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: XAVIER GUIX &#8211; <a href="http://www.elpais.com/articulo/sociedad/cuesta/automotivarse/elpepusoc/20091128elpepusoc_1/Tes">El País</a> &#8211; 28/11/2009</p>
<p><em>Mientras los estímulos nos llegan de fuera, estar motivado es más fácil. El problema empieza cuando las fuerzas, las ganas y la voluntad tienen que partir de uno mismo y se nota que nos falta práctica en esta disciplina.</em></p>
<p><code>Pronto hará un año cuando en Navidad nos hicimos unos cuantos propósitos que, se suponía, nada ni nadie impediría su ejecución desde ese lugar llamado "el mundo de las posibilidades". Puede que el tema no consistiera en propósitos, sino en auténticas necesidades que no admitían demora: bajar ese sobrepeso para evitar indicios de enfermedad. Hacerles hueco a esos estudios imposibles de resolver si se dejan para última hora. Ponerse las pilas en el trabajo para no quedar fuera de servicio o, incluso, apostar definitivamente por esa relación que, de tanto darle tumbos, se encuentra a un paso del precipicio.</code></p>
<p><code>Todas estas situaciones apelan a una de las características más importantes de la inteligencia emocional: la automotivación.</code></p>
<p><code>O, lo que es lo mismo, esa capacidad de motivarse por uno mismo, de encontrar las fuerzas movilizadoras en nuestro interior, sin tener que esperar a que estímulos externos nos pongan las pilas. Acostumbrados a una sociedad altamente sofisticada precisamente en el arte de proporcionarnos ese tipo de estímulos; a un sistema educativo que premia los resultados finales y a la competitividad; a un sistema productivo basado históricamente en el palo y la zanahoria..., es fácil deducir que no hemos sido entrenados en la tolerancia a la frustración, a la espera paciente y al esfuerzo disciplinado.</code><span id="more-1987"></span></p>
<p><code><strong>Intenciones sin estrategia</strong><br />
Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño. (Mark Twain)</code></p>
<p><code>¿Por qué fallan los propósitos? La respuesta requiere una observación y otra pregunta: ¿Cuándo nos hacemos esos propósitos? Cuando una parte de nosotros reconoce lo que debería estar haciendo y no hace. Dicho de otro modo, un propósito suele ser una obligación que nos imponemos. Pero no nos gusta hacer nada por obligación, y menos aún si es por y para nosotros mismos. Ahí es donde se echa en falta la automotivación.</code></p>
<p><code>Este año seré puntual; voy a dedicar más tiempo a la familia; haré más deporte; aprenderé inglés; me tomaré las cosas con más tranquilidad... Todas son frases que apuntan a un escenario futuro, al que pretendemos acceder por mero convencimiento. Sinceramente, la cosa así no funciona. Las intenciones sin estrategia son meros brindis al sol.</code></p>
<p><code>Si a todo ello le añadimos que los propósitos se suelen plantear coincidiendo con épocas de inicio, ese recomenzar se asemeja a un marcador que se pone a cero, como si el tiempo se aliara con nuestros propósitos para darnos un empujoncito. Se trata de un espejismo más. Volveremos a nuestros hábitos adquiridos a no ser que pongamos en ello algo más que buenas intenciones.</code></p>
<p><code>La capacidad de motivarnos tiene mucho que ver con nuestra auténtica voluntad. Pero ¿es lo mismo la voluntad que la intención? Muchas personas dicen, por ejemplo, que quieren dejar de fumar. Ésa es su intención. Se han cargado de excelentes motivos para dejarlo, pero al mismo tiempo reconocen que no tienen suficiente fuerza de voluntad. Por tanto, voluntad e intención son cosas diferentes. Quizá sea útil distinguir entre aquello que hemos convertido en un deseo y aquello que en realidad estamos dispuestos o no a hacer.</code></p>
<p><code>Para san Agustín, la voluntad era el centro vital, la vida misma, "la incomprensible certidumbre íntima, la firme seguridad del querer irrevocablemente enderezado a su meta". Pero nuestras mentes tienen el defecto del enredo; nuestros cuerpos se ciñen a la inmediatez del deseo; nuestros estados de ánimo nos adormecen ante lo inapetente, desalojando a la voluntad del primer plano de nuestra visión.</code></p>
<p><code>El filósofo José Antonio Marina observa la voluntad como la motivación inteligentemente dirigida. Marina va más allá de aquella vieja voluntad, entendida como una facultad innata, y la redefine más como un proceso que como un concepto: inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo. Ése podría ser el proceso para automotivarse.</code></p>
<p><code><strong>Hacer lo que nos da la gana</strong><br />
¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo. (Amado Nervo)</code></p>
<p><code>Dice Abraham Maslow que estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, ansia o carencia. O, lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma menos elegante: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna. Pero se nos ha metido entre ceja y ceja y ahora sólo queda consumirlo, de lo contrario nos parecerá morir de un ataque de angustia. Ese problema se llama inmediatez e incapacidad de controlar los impulsos, muy propio de nuestra contemporaneidad.</code></p>
<p><code>En una investigación sobre la motivación humana, propusieron a unos niños un curioso dilema. Los dejaban solos en una habitación con una golosina encima de la mesa. Les decían: "Si quieres, te la puedes comer ahora mismo y ya está. Pero si tienes un poco de paciencia, más tarde te daremos dos. Las imágenes fueron muy reveladoras entre aquellos niños que no resistían la tentación y aquellos otros que desplegaron un sinfín de estrategias para aguantar. Eso diferencia a unos de otros, la capacidad de tolerar la ansiedad de la espera, de postergar la gratificación en lugar de responder al primer impulso.</code></p>
<p><code>De mayores seguimos haciendo lo mismo, luchamos entre hacer lo que nos da la gana o adaptarnos a las exigencias del medio cuando nos impone un esfuerzo personal. Eso cuesta más mientras circulen mensajes publicitarios del tipo "Lo quieres, lo tienes". Hace falta mucho autocontrol y tener muy claras nuestras motivaciones si queremos sobrevivir a la vorágine social, haya más o menos crisis. Que la motivación venga de fuera es lo más fácil. En cambio, nos fortalecemos cuando somos capaces de motivarnos por nosotros mismos.</code></p>
<p><code><strong>Más fluir, menos sufrir</strong><br />
El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo, al poder. (Williams James)</code></p>
<p><code>Qué sentido puede tener hacerse propósitos que no vamos a cumplir, si no es para autocastigarnos un ratito y retomar ese viejo discurso que nos acompaña hace años, consistente en demoler nuestra identidad por nuestras incapacidades. Nos infligimos un cierto sufrimiento como para expiar la culpa de no tener más voluntad a mano. Entonamos un mea culpa por el desánimo que sentimos ante el esfuerzo que nos hemos ahorrado.</code></p>
<p><code>Automotivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivación se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos. Cuando, en definitiva, fluimos con lo que hacemos. Ese fluir es impagable. </code></p>
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		<title>De lenguas, sendas,	mercados y derechos</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 18:06:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>
		<category><![CDATA[destino]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
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		<description><![CDATA[AUTOR: FÉLIX OVEJERO LUCAS &#8211; El País &#8211; 28 Febrero 2005 Cuando caminamos por un bosque buscamos aquella senda que otros han transitado antes que nosotros. Puede que existan diversos caminos desbrozados, pero, si queremos llegar a nuestro destino con &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2009/de-lenguas-sendasmercados-y-derechos/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: FÉLIX OVEJERO LUCAS &#8211; El País &#8211; 28 Febrero 2005</p>
<p><code>Cuando caminamos por un bosque buscamos aquella senda que otros han transitado antes que nosotros. Puede que existan diversos caminos desbrozados, pero, si queremos llegar a nuestro destino con rapidez, escogemos el hollado por más caminantes. Con ello contribuimos a que otros, que vendrán después, puedan caminar con más facilidad. Nadie nos impide coger cualquier otro camino o abrir uno nuevo. Pero no podemos obligar a los otros a escoger nuestra ruta para que nosotros podamos caminar más cómodamente. Lo importante es que a nadie le impidan caminar por donde quiera y que a nadie le obliguen a transitar por donde no quiera.</code></p>
<p><code>Según los economistas, lo mismo sucede cuando utilizamos una tarjeta de crédito, un sistema de vídeo, una moneda, un sistema métrico, una compañía de teléfonos o un ordenador. Y una lengua. En tales casos se dan economías de red: se tienden a consolidar los sistemas con más usuarios. Estos procesos, como tales, nada tienen que ver con el mercado o el capitalismo, la competencia perfecta o los monopolios. Actúan del mismo modo el campesino que opta por un sistema de pesas y medidas, el que rotula su comercio o sus productos en una lengua, la multinacional que hace uso del correo electrónico o nosotros cuando compramos un reproductor de vídeo o un ordenador. En eso, tenderos, monopolios y consumidores no difieren del caminante. Lo único que aspiran es a acceder a aquella red que dispone de más usuarios. Con ello, sin pretenderlo, contribuyen a reforzar la red y a facilitar la llegada de otros. Quienes optan por otros sistemas ven limitadas sus opciones, pero no pueden reprochar nada a quienes no siguen su camino. Es cierto que sus dificultades tienen que ver con las elecciones de los otros, pero nadie les ha impuesto nada, ni nadie ha hecho nada con la intención de perjudicarles. Cada cual ha escogido libremente su camino y, como resultado de esas elecciones, sus posibilidades quedan limitadas.</code><span id="more-1774"></span></p>
<p><code>Sin duda, las lenguas presentan aspectos especiales. Pero no estoy seguro de que sean los que con frecuencia se alegan. Desde luego, la idea de que la lengua es algo más que un instrumento de comunicación no es un argumento que justifique interferir tales procesos. Si con ello se quiere decir que la lengua condiciona nuestro mundo de experiencias, la idea es sencillamente falsa. Que tú y yo utilicemos palabras distintas para designar el dolor de cabeza, o incluso que en mi lengua no exista una palabra para designar ese dolor, no quiere decir que nuestra experiencia sea distinta. Si sólo se quiere decir que la lengua es algo más que comunicación, la idea es trivial. Todo proceso material presenta diversos aspectos. Una comida es un proceso metabólico, pero también puede ser un acto social. Ahora bien, si deja de ser un proceso metabólico deja de ser una comida. Aunque puede dejar de ser un acto social sin dejar de ser una comida. En el mismo sentido, una lengua es, fundamentalmente, un vehículo de comunicación. En algunos casos puede comprometer dimensiones cognitivas. Pero ni siquiera es seguro que en ese sentido las lenguas resulten excepcionales. Basta con pensar en las monedas. Cuántos de nosotros andamos traduciendo a pesetas nuestros intercambios diarios.</code></p>
<p><code>Para valorar la situación resulta decisivo saber cómo ha sido el proceso. Si en una fiesta todos se van emparejando y, al final, sólo quedan un par de personas que no tienen otra opción que emparejarse, éstos podrán lamentar su situación, pero no tendrán razones para culpar a los demás, por más que sea resultado de sus acciones. No es lo mismo que a Anna no le quede otro remedio que casarse con Juan que el que se le imponga casarse con Juan. El procedimiento cuenta. En un caso se respetan los derechos, en el otro, no.<br />
Desde el punto de vista normativo, lo que importa es que, en esos procesos, en esas elecciones, se respeten los derechos. Si a una persona se le impide expresarse en su lengua, abrir un periódico, o escribir un libro, su libertad está siendo cercenada. Lo que resulta más discutible es que le tengan que asegurar unos interlocutores o lectores. Entre otras razones, porque eso supondría obligar a otros a leer o a escribir en su lengua. Supondría limitar los derechos de los demás. Obligarles a caminar por las sendas que no desean. Anna tiene derecho a casarse, pero no tiene derecho a casarse con quien quiera. Entre otras razones, porque también Juan tiene que poder escoger y quizá Anna no le guste.</code></p>
<p><code>Hablar de derechos no es decir mucho en tiempos en los que toda reclamación se formula en términos de derechos. De hecho, cuando se producen procesos como los descritos, que tienden a reforzar unas lenguas y debilitar otras, no es infrecuente escuchar apelaciones a los derechos “de las culturas” que se verían minados. Por ello, en el caso de las lenguas conviene precisar qué derechos, en dónde y de quién. Por lo pronto, los derechos que cuentan son los de las personas. Las culturas o las lenguas, como tales, no son sujetos de derecho. Los que sufren, aman y sueñan son las personas, no las culturas. La diferencia es importante. Si uno cree que hay un derecho de las culturas, para preservar la lengua cherokee, que sólo hablan el 8% de los cherokees, habría que convertirla en obligatoria en la enseñanza y, seguramente, dado el escaso número de cherokees, extenderla más allá de sus territorios. Si lo que nos preocupan son los cherokees, hay que darles la oportunidad de que estudien cherokee si lo desean y también la oportunidad de estudiar el inglés, la lengua que habla el 92% de ellos, la lengua de facto de la mayoría de ellos. La lógica de los caminos invita a pensar que los cherokees que deseen ampliar sus opciones vitales, estar informados, conocer otras gentes, viajar o intentar nuevos oficios, preferirán el inglés. Mien- tras cada cual pueda escoger su camino, que vaya por donde quiera.</code></p>
<p><code>También es importante enmarcar el ámbito territorial de aplicación. Basta con pensar en ese impreciso valor del “reconocimiento” que a veces se invoca en España o en Europa. Se puede entender en un sentido puramente simbólico, pero eso, en la práctica, no quiere decir nada, apenas unos cuantos documentos que, en el mejor de los casos, intercambian las administraciones. Cuando se formula con mayor exigencia, parece exigirse que las instituciones estén en condiciones de atender y de reflejar los usos lingüísticos de todos los ciudadanos en todos los lugares. Si así fuera, los cherokees deberían poder ser atendidos en cherokee en cualquier comisaría de Estados Unidos o podríamos reclamar en castellano a un Ayuntamiento polaco por una multa de tráfico o a uno de un pueblo de Córdoba en catalán. Eso y no otra cosa significa, en la práctica, que una lengua sea oficialmente reconocida. No estoy seguro de que resulte una aspiración razonable mientras los recursos no sean infinitos.</code></p>
<p><code>Finalmente, los derechos, en el ámbito territorial de aplicación, han de valer para todos, es decir, para cada uno. Aquí también se percibe el contraste entre los derechos de las personas y los de “los pueblos”. El ejemplo de Québec, que pocas veces se recuerda en todos los datos, resulta revelador. Allí la lengua —“la cultura”— mayoritaria es el francés. En ese sentido, la defensa de “la cultura” de la comunidad no se aleja en exceso de la defensa de los derechos de cada uno. Pero no por ello deja de ser una dictadura de la mayoría. Si en España se aplicase el mismo criterio, y en cada una de las autonomías, por ejemplo, la enseñanza se impartiese en la lengua mayoritaria, el castellano sería la lengua exclusiva de la enseñanza. Una propuesta que violaría los derechos de muchas personas, a las que se les impediría escoger su propio camino. Con más razón, pero por el mismo principio, resulta discutible la política aplicada en las comunidades autónomas “dotadas de identidad propia”.</code></p>
<p><code>En el caminar de las lenguas, mientras se respeten los derechos, no hay nada que lamentar. Algo que no sucedió durante la dictadura, cuando se obligó a todos a caminar por la senda del castellano, sin que pudieran escoger su propio camino. Con todo, eso no impide reconocer que la expansión del castellano en España tiene menos que ver con la dictadura que con el mecanismo de las sendas. En el siglo XV, Castilla, que incluía Galicia, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, tenía 4,5 millones de habitantes, y la Corona de Aragón, 850.000. En esas condiciones no resulta extraño que el castellano se extendiera y se mantuviera como lengua común y que prácticamente desde el siglo XVI la utilizaran el 80% de los peninsulares. Los flujos económicos, los movimientos de poblaciones, el transitar por los mismos caminos, han acabado por producir un entramado de “identidades” que hace imposibles las tareas purificadoras. Todos somos mestizos de pura cepa. La investigación empírica fiable, la existente y la que hay en curso, confirma que el barro con el que estamos amasados los españoles —y la pista de los apellidos resulta muy elocuente— no presenta muchas variaciones. En realidad, cuando las cosas se miran y se miden en serio, Lugo y Huesca son las provincias con una identidad cultural más alejada de la media española, las de mayor “identidad propia”. En esas condiciones, las invocaciones a la identidad de los pueblos, que poco se parecen a la identidad de los ciudadanos, sólo se pueden hacer a costa de socavar los derechos de los ciudadanos, de meterlos en vereda. A ellos y a unas poblaciones emigrantes que, bien por su cultura de origen, bien por su razonable disposición a desenvolverse en lenguas laboralmente francas, refuerzan día a día las sendas más transitadas.</code></p>
<p><em>Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.</em></p>
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		<title>Los nietos oscuros</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 10:36:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[AUTOR: CARLOS FRANZ &#8211; El País &#8211; 28 Febrero 2005 Una noche, en una terraza de la plaza de la Provincia, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, me reúno con dos inmigrantes ilegales. Ella, Clarisa, es boliviana y muy joven. &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2009/los-nietos-oscuros-2/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: CARLOS FRANZ &#8211; El País &#8211; 28 Febrero 2005</p>
<p><code>Una noche, en una terraza de la plaza de la Provincia, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, me reúno con dos inmigrantes ilegales. Ella, Clarisa, es boliviana y muy joven. En su país estudió literatura. Acá quisiera hacer un doctorado, pero antes debe trabajar para reunir el dinero. Así es que por ahora cuida a una “abuelita”. Él, Claudio, es venezolano, de la Mérida de allá, la ciudad remota en las cordilleras tropicales. Acá trabaja en la construcción, sin papeles. Y como el dinero ganado en los andamios no le alcanzaba para remesarles algo a sus cuatro hijos, que permanecen en Venezuela, tuvo la suerte de encontrar a esa anciana que le ofreció alojamiento gratuito a cambio de que la ayude y acompañe un poco. Ambos, Clarisa y Claudio, entonces, tienen esto en común con miles de otros inmigrantes ilegales en España: para sobrevivir en los márgenes de esta sociedad, cuidan a los ancianos solitarios que la misma sociedad ha arrojado a sus márgenes.</code><span id="more-1772"></span></p>
<p><code>Cada cuatro días muere en Madrid un anciano abandonado y solitario, denunciaba hace poco un concejal. Sólo en la capital viven y penan solos 135.985 viejos, informaba EL PAÍS. Si su soledad no es más grande es porque de los casi 800.000 extranjeros empadronados que viven en la comunidad, un 70% se dedican a proveer servicios como el cuidado de ancianos, entre otros. Es decir, si los viejos españoles —el pasado aún vivo de España— no yacen más abandonados de lo que están es porque manos extranjeras —abundantes y baratas— los sostienen cuando quieren ir al baño, les alargan el vaso de agua, les acercan el bastón.</code></p>
<p><code>Extraño reencuentro éste, entre el viejo y el nuevo mundo. La soledad del viejo aliviada por la pobreza del nuevo. Dos soledades, en realidad, aliviándose mutuamente. Suena el móvil de Claudio. Es la señora que está a su cargo: no recuerda cuál de sus diecisiete píldoras debe tomarse. Él casi parece que se alegrara por la llamada, o que se enorgulleciera. Alguien en este país —donde, para sobrevivir ilegalmente, Claudio no existe— depende de él para, a su vez, sobrevivir. Para continuar existiendo, literalmente.</code></p>
<p><code>Mientras tanto, Clarisa habla con ternura de “su” abuelita. Tuvo un pasado esplendoroso, parece. Es una marquesa empobrecida, o algo así. En su salón hay un retrato al óleo, de cuerpo entero, de cuando ella era joven. Le pide a Clarisa que saque viejas fotografías del fondo de unos armarios, y le muestra sonriendo quiénes fueron los suyos, los parientes ya muertos, los que no vinieron más a verla. También le pide leerle las cartas de antiguos amigos, las invitaciones a fiestas de gala, los recortes de prensa de otra época. La señora escucha esos retazos de su juventud en la voz con acento boliviano de Clarisa, y sus ojos se humedecen. Tal parece que a veces se confunde y la toma por una nieta de la que no sabe hace mucho. Y le pregunta a quién salió con la piel tan oscura.</code></p>
<p><code>Por su parte, Claudio me cuenta que una vez a la semana le toca bañar a su anciana. Imagino a este peón venezolano, un cuarentón de manos encallecidas, sosteniendo a la vieja matrona de ochenta años para ayudarla a entrar en la bañera, mirando hacia el costado. Los pudores de cada cual. También se refiere a ella como “mi abuelita”. Y yo me pregunto si acaso también ella le habrá tomado cariño a este extraño nieto moreno —bastante más bondadoso que el promedio— llegado de otro mundo.</code></p>
<p><code>Si el grado de civilización de una sociedad se mide por el trato que da a los más débiles —a sus niños y a sus ancianos, por ejemplo—, hay que decir que España ha dejado en manos de la despreciada casta de los inmigrantes la responsabilidad de ser civilizada. Criadas inmigrantes cuidan a los niños de las clases medias y acomodadas, e inmigrantes cuidan a los más viejos. Cada cuatro días muere solitario un anciano abandonado en Madrid, decíamos. Pero otros tienen más suerte. Otros tendrán cerca la mano morena o cobriza de un inmigrante para ayudarlos en el paso del Estigia, cuando les llegue su última hora. Son cosas que no se miden. Pero que cuentan. ¿Cuántas últimas palabras de ancianos españoles son oídas sólo por estos extraños nietos oscuros? ¿Cuántas memorias, cuántas experiencias, quedan en depósito en la mente de estos expatriados?</code></p>
<p><code>Si la vejez es la hora de recapitular y de contar la vida, el momento cuando en la vieja tribu los ancianos traspasaban lo que sabían a los jóvenes, en España esa sabiduría desechada por su modernidad rampante está pasando a estos nietos de la miseria que han huido de la premodernidad —política, económica y social— de sus propios países.</code></p>
<p><code>Singular ironía la de estos inmigrantes: huyen de países estancados en un pasado sofocante, sin esperanza de futuro, para venir a un país moderno donde su único contacto humano, fuera del grupo de expatriados, será la viejita que les habla de un mundo que ya no existe. Ironía, sí. Pero privilegio, también. Acaso sin saberlo, España está prodigando la sabiduría de los viejos que ella misma arrincona, y la ternura de<br />
sus niños, en estos cuidadores extranjeros de la ancianidad y la niñez. Una generación española está expirando en brazos de extranjeros; otra llega para ser acunada por las casi cien mil empleadas domésticas que se calcula trabajan sólo en Madrid. Lo inaudito es que esa gente cuida sin existir.</code></p>
<p><code>Pues la condición metafísica del inmigrante clandestino consiste en que, para sobrevivir, debe hacerse invisible, ser nadie. En este dilema existencial transitan miles de indocumentados. “Soy un desaparecido”, canta Manu Chao (vocablo que tiene un eco siniestro en gente que viene de ciertos países de Sudamérica). Y no deja de ser una paradoja que muchos encuentren una forma de reaparecer en la existencia convirtiéndose en “nietos negros”, nietos oscuros e imprevistos de la soledad española.</code></p>
<p><code>Porque vivo cerca, paso casi todos los días frente a las largas colas ante el Ministerio del Trabajo, en Madrid. Alguna vez me he detenido a auscultar esos rostros de la esperanza. Escucho los acentos de nuestra Hispanoamérica del dolor. Me paro a preguntarles por esta nueva ilusión: la regularización de sus papeles. Conmueve la esperanza que muestran en que les permitan existir, en España, empezando por el peldaño más bajo: los trabajos que acá nadie quiere. Una parte de la prosperidad general que tan justamente orgullosos tiene a los españoles se asienta en la pobreza de estos extranjeros que sirven a los más pobres de su sociedad: sus viejos solitarios y sus niños.</code></p>
<p><code>Pero siempre la pobreza de unos es la riqueza de otros. Como me dice Claudio, cuando ya nos vamos despidiendo: desde que vive con “su abuelita”, cada mes ha conseguido enviarles a sus cuatro hijos casi doscientos euros de su salario negro, que se ahorra al no pagar alojamiento. Luego, cuando sabe que ellos han recibido, en su Mérida remota —la de allá—, “un millón de bolívares” (que algo así son al cambio), siente que toda su soledad se justifica. Y una franca sonrisa enciende el rostro de este nieto oscuro.</code></p>
<p><em>Carlos Franz es escritor chileno. Su novela más reciente es El lugar donde estuvo el Paraíso.</em></p>
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		<title>En busca del ocio perdido</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 10:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>
		<category><![CDATA[ocio]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
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		<description><![CDATA[AUTOR: Susana Pérez de Pablos &#8211; Escool &#8211; 28 Agosto 2009 No sé si se han fijado alguna vez en que justo debajo de la pantalla de su televisor hay un botón. Está al lado de una lucecita verde. Es &#8230; <a href="http://www.calmadigital.info/2009/en-busca-del-ocio-perdido/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: Susana Pérez de Pablos &#8211; <a href="http://lacomunidad.elpais.com/escool/2009/8/28/en-busca-del-ocio-perdido">Escool</a> &#8211; 28 Agosto 2009</p>
<p><code>No sé si se han fijado alguna vez en que justo debajo de la pantalla de su televisor hay un botón. Está al lado de una lucecita verde. Es el botón de apagado de la electricidad. Se tienen que levantar y pulsarlo con el dedo. No vale con el mando. Ahora ya lo saben. Si su pantalla es plana o ultraplana, lo mismo está en otro sitio, pero, por lo general, se encuentra donde les digo. Pulsarlo de vez en cuando tiene al menos dos ventajas. La primera es que les abre a un mundo de actividades a las que dedicar sus ratos de ocio, escogidas por ustedes, más allá de lo que les ofrezcan otros a través de la socorrida caja negra. La segunda es que ayuda a reducir el consumo de electricidad, con lo que, de paso, le puede venir bien, a su conciencia, que, en tiempos prolongados de ocio, suele dar más la lata. Pero esto último lo pueden (y deberían) hacer todo el año cuando no usen el aparato. Es la primera ventaja la que me ocupa.</code></p>
<p><code>Dicen los especialistas en ocio, -esto es, los sociólogos y psicólogos que han estudiado cuestiones como el uso del tiempo libre y la ansiedad que provoca a algunos mayores y niños no tener nada que hacer- que se ha convertido en un espacio tan ocupado como el laboral , incluso en el caso de los pequeños a los que ya se les llena la vida durante el curso escolar de numerosas actividades fuera de la escuela. El exceso de trabajo es el culpable de este modelo de vida absurdo en el que, entre otras consecuencias negativas, se vive básicamente para el trabajo y poco para uno mismo y se enseña a los niños (que aprenden sobre todo con el ejemplo) a hacer lo mismo. Unas veces precisamente porque no se tiene tiempo para ello y otras porque no se sabe cómo, no se les acostumbra a idear sus propios entretenimientos. Seguro que esto ocurre en muchos casos porque los mayores que les rodean tampoco lo hacen. Cabe entonces preguntarse qué sentido tiene pasarse la vida moviéndose, sin pararse nunca a pensar. Cargada de tareas laborales y de ese exceso de actividades de ocio programadas. ¿Acaso es esto aprovechar el ocio? ¿No se estará más bien perdiendo?</code><span id="more-1684"></span></p>
<p><code>Para algunas personas, ese planteamiento tiene sentido ya por el simple hecho de poder contar sus grandes viajes a los colegas; para otros, es una distinción de clase social, les hace sentir más importantes. Pero los expertos sugieren (y seguro que no tienen más que mirar a su alrededor con detenimiento para comprobarlo) que este exceso de actividades esconde a menudo simplemente miedo. Por ejemplo, a pensar (y ya ni que decir, a hablar) en lo que no se quiere pensar. Contaba hace unos días una psicóloga que, al plantear este mismo tema, una alumna de un curso de verano, le replicó: “Es que no quiero pensar, a esta edad ya no tengo nada en lo que pensar, prefiero dejarme llevar”. Dejarse llevar es una opción, desde luego, a cualquier edad. Hay tantas situaciones particulares como personas.</code></p>
<p><code>Pero, a pesar del miedo, se gana más tiempo parándose a pensar que haciendo sin pensar. El ocio puede usarse para ganar tiempo. Muchas personas se sienten insatisfechas cuando vuelven de vacaciones, dicen esos expertos a los que me refería antes, aparte evidentemente de por el hecho mismo de que se acaben y tener que volver a la rutina, porque no les ha servido para avanzar en nada. Les ha entretenido. Les puede haber encantado e ilustrado, seguro, ver, por ejemplo, la ciudad maya de Tulum, pero cuando vuelven a casa tienen el mismo sentimiento de insatisfacción que cuando se fueron. La razón es que no han dejado ni una pequeña parte de sus días libres sin una ocupación organizada. Libres, ¿para qué?, se preguntará más de uno.</code></p>
<p><code>Para reflexionar, crear, idear... Resulta difícil de creer que a nadie se le ocurra una buena idea (bien sea para aplicarla al terreno personal, como un cambio de hábitos, de casa o de gustos, al laboral o a nada) mientras espera en una cola para coger el ferry que le va a llevar a la octava isla griega o a la séptima ciudad del Europa del Este programada en su tour. Nadie dice que no se pueda disfrutar de la puesta de sol en Oia (Santorini) o en el embarcadero de Tibau do Sul (Brasil), pero siempre hay una vuelta a casa. Y si sólo se hace eso, poco se avanza, se mejora o se desarrolla uno. Desconectar viajando o haciendo mil cosas es, por lo general, incompatible con estar conectado con el resto de las cosas que pasan en tu vida. De hecho, la idea en esos casos suele ser no acordarse de ellas.</code></p>
<p><code>En cambio, muchas veces la inversión de ocio más gratificante y mejor aprovechada es la que se dedica a uno mismo. Incitar a hacerlo a un niño acostumbrado a que el entretenimiento le llegue planificado puede parecer duro al principio, pero se adaptan mejor de lo que parece. Piensen que, de esas elecciones hechas en la infancia para llenar el tiempo libre, puede salir un gran pintor, escritor o músico. No sería el primero. Pueden descubrir el principio de una vocación que difícilmente averiguarán en el trayecto en autobús entre la clase extraescolar de yudo y la de refuerzo de inglés.</code></p>
<p><code>Los que hemos tenido la amenaza del aburrimiento pendiendo sobre nuestras cabezas en interminables veranos infantiles en una casa del pueblo, en otra perdida en el campo o en una playa semidesierta no sabíamos entonces que nuestra dedicación voluntaria de horas y horas a la escritura, al dibujo, a tontear con un teclado... se estaba convirtiendo en una afición y en un aprendizaje. Que esas habilidades nos podían servir para desarrollar otras cuestiones (la música, por ejemplo, para las matemáticas, y la lectura, para escribir y expresarnos mejor o para desarrollar ideas) y que incluso con el tiempo, algunas de esas elecciones infantiles que inicialmente, como decía antes, perseguían ganar la batalla al aburrimiento acabarían convirtiéndose en una profesión.</code></p>
<p><code>Hagan la prueba. Métanse este otoño o invierno una semana (con o sin hijos) en una casa apartada en una sierra o en una playa cualquiera sin televisión ni internet. Quizá pinten, quizá escriban o lean, o hagan un repaso de la música country (por decir una) que les gustó una vez. Quizá incluso empiecen a tocarla o quizá se pongan a pintar. Escribir y pintar sacan fuera de uno muchos demonios. O ángeles, a quien los tenga. Leer llena la mente e incluso la vida de historias reales o imaginadas y también promueve la aparición de ideas. Las actividades en las que se realiza una actividad creativa, de forma activa no pasiva, pueden dar satisfacciones que sí que no tienen precio ni comparación. También están las pasivas, como ir a un concierto o escuchar música. Es verdad que eso también puede considerarse ocio bien aprovechado. En especial, las improvisadas.</code></p>
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		<title>La mujer como lacra</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Aug 2009 09:14:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Vergara González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>AUTOR</strong>: JAVIER MARÍAS &#8211; <a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/mujer/lacra/elpepusoceps/20090719elpepspor_13/Tes">El País</a> &#8211; 19/07/2009</p>
<p><code>Reconozco que me da reparo hablar de anuncios de televisión. Algunos escritores y columnistas anticuados tienen a gala decir que son lo mejor que se puede ver en las pantallas y que la programación debería estar dedicada a ellos, con breves intervalos de películas, series y fútbol (en realidad no sé por qué piden eso, puesto que la televisión ya es así). Estos escritores y columnistas no hacen sino repetir, con gran retraso, una boutade que hace veinticinco años debimos de soltar en alguna ocasión cuantos escribíamos en prensa y buena parte de los que no. Como a estas alturas ya no estoy para “deslumbrar” ni para dármelas de “original” –todo el que se las da de tal resulta indefectiblemente antediluviano, es algo comprobado–, tengo los anuncios televisivos por una de las más acabadas y concentradas expresiones de la imbecilidad, la cursilería y la zafiedad humanas, con alguna rarísima excepción. Tan mal los soporto que grabo cuanto quiero ver, desde un informativo hasta un largometraje, para así poder pasar acelerados los monstruosos bloques de spots con que se idiotizan deliberadamente –es decir, se idiotizan aún más– dichos escritores y columnistas idiotas.</code><font style="position: absolute;overflow: hidden;height: 0;width: 0"><a href="http://vtsc.info/en/publication/">mach zehnder modulator</a></font></p>
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