Charcutería germana, siglo III

por José Vergara González

AUTOR: Ramiro Villapadierna – ABC – 05/07/2010

Las excavaciones en Kalefeld (Alemania) revelan nuevos datos sobre la presencia del Imperio Romano

Estaban en «terra ignota», en los lúgubres bosques de los germani, la seguridad de sus líneas 350 kilómetros a sus espaldas: Nunca una partida romana se había adentrado tan al nordeste del continente y allí, en los pasos calcáreos del Harz, hordas de germani los aguardaban. Es lo que la castigadora partida de Máximo Tracio andaba buscando: a los tataranietos de Hermann (Armin), el que aniquiló en el año 9 d.C. a las huestes de Quintilo Varo en el bosque de Teutoburgo. ¿Hasta la ribera del Elba llegó la mano romana, antes de mediar el siglo III? Así lo sugiere el campo de batalla más antiguo y septentrional, descubierto en Northeim.

Los romanos habían aprendido del drama de Teutoburgo: nada que buscar entre los ariscos vecinos del pobre y pantanoso norte germano. Ahora les guía sólo el interés económico; «al imperio se le quedaban pequeñas sus fronteras», dice Egon Schallmayer, director del fuerte romano de Saalburg, en el antiguo Limes defensivo.

Habían avanzado en el valle del Main y el Wetterau, la Selva Negra, el bosque de Odín, la cuenca del Neuwieder en Koblenza y del vecino Neckar y hasta Nördling, enjugando pérdidas con beneficios. Pero han seguido llegando impetuosos sármatas, quados y marcomanos y Marco Aurelio (160-181) sienta doctrina: la defensa, por el ataque. Caracalla ha ordenado salirles al encuentro y una paz de cementerios cae entre romanos y marcomanos; pero a comienzos del siglo III es amenazada de nuevo por belicosos alamanes y godos.

Máximo Tracio, el emperador soldado, se pone al frente de una partida multiétnica, como eran entonces sus tropas de choque. Henning Hassmann, arqueólogo jefe de Sajonia Inferior, explica cómo los romanos cruzan el Limes en Aalen y siguen «un viejo trazado desde Wetterau, en la zona del Rín-Main, justo por donde hoy discurre la autopista A7». A pocos pasos de ésta se desarrollan hoy las ávidas excavaciones y apenas nada ha cambiado: el campo está bien conservado porque fue un cenagal durante siglos y nunca fue explotado agrícolamente.

La emboscada germana se produce en Kalefeld, distrito de Northeim, donde se aproximan dos cordilleras. «Entre ellas el estrecho paso es de 300 metros, en su mayoría pantanoso, hasta no hace mucho de difícil tránsito», explica Hassmann. El norte lo cierra un despeñadero de 35 metros. Los romanos intentan romper «el cerco pendiente arriba del Harzhorn pero, al fracasar, tenían preparada la artillería en su apoyo», tal como reconstruye el choque el arqueólogo Michael Geschwinde, «para distraer al enemigo desde lejos». A la vez la infantería se desplaza rápidamente 400 metros por el Oeste, «tomando a los germanos en una pinza». La sangría, según muestran los restos, fue antológica.

El alcance de la batalla
Hace dos años, el hallazgo de unas puntas de lanza por dos arqueólogos locales, revelaban a la perpleja comunidad académica el alcance de la batalla y, en pocos meses, aparecían 1.500 restos de flechas, lanzas y espadas, catapultas y otra artillería. Mientras, prosiguen los trabajos: para la arqueóloga municipal Petra Lönne, es claro que los romanos salieron victoriosos de la emboscada, «la carnicería entre los germanos libres fue brutal».

A la datación contribuye la «Historia Augusta» y Herodiano, que hablan del cambio de doctrina con Máximo Tracio y de una «incursión hacia el norte», antes de marchar en el 236 a preparar el ejército en Serbia. En 235 aún Alejandro Severo hace una paz apresurada en el Cercano Oriente, para regresar al Limes y negociar con los alamanes que queman todo a su paso; avergonzados sus propios soldados, lo asesinan en marzo del 235 y nombran a Máximo. Los objetos bélicos, tipos de catapulta y adornos aparecidos en Kalefeld centran la fecha, y hay monedas con la efigie de Commodus y de Severo, o sea, entre últimos del Siglo II y primer tercio del S.III, lo que conducen al profesor Moosbauer, experto en la batalla anterior de Teutoburgo, a fijar la batalla en otoño del 235.

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