‘Up’, la niña y el cáncer
AUTOR: JULIO VALDEÓN BLANCO – El Mundo – 21 de junio de 2009
Nos tiene tan embriagados Pixar, tan entregados al temblor que provocan sus películas, tan flipados, que pareciera más una reunión de brujos buenos que un estudio cinematográfico. Su última hazaña, aparte del subidón de cine glorioso y el besamanos que críticos y espectadores le hemos dedicado, su penúltima aventura, decía, pasa por una niña, o sea, por Colby Curtin, que con diez años padecía un cáncer vascular.
Confieso que no conocía a ese hijodeputa; o acaso se trate de una enfermedad bautizada de otra forma en nuestro idioma. Quizá alguien pueda aclarármelo. Los periodistas, la canallesca, ya saben, somos asín de piernas, manuses, inútiles, membrillos y camastrones. El caso es que Colby estaba desahuciada.
Aseada por el mal, cosida a pinchazos, la pequeña quería ver 'Up', pero su gravedad le impedía abandonar la cama. Entonces apareció Carole Lynch, amiga de la familia que nada tiene que ver con el director de 'Blue velvet', ese megalómano empeñado en salvar el karma infantil del tercer mundo a base de meditación trascendental y demás pijadillas 'new wave'.
Lo cual, que Carole se aplicó a lo imposible: contactó con los mandamases de Pixar y, oh milagro, el estudio envió a un empleado a casa de Colby con una copia de 'Up' bajo el brazo, recién cocinada como si fuera el pan caliente que citaba Vallejo medio minuto antes de que el paludismo y la nieve le reventaran el hígado.
Colby, en fin, vio a la niña y al niño que se juraron amor sin saber que es el pasaporte a la melancolía, que incluso cuando sale bien el muy cabrito te la juega, que como tantas veces ha explicado Boyero citando Los profesionales, ″al principio, todo es maravilloso. Nos quedamos porque nos enamoramos, nos vamos porque nos desencantamos, regresamos porque nos sentimos solos, morimos porque es inevitable".
Colby, con su entresueño con sabor a cobre, con su fardo de muerte, con la Pelona enroscada al tobillo como una mamba, contempló al viejo gruñón en su casa de globos, perdido junto a un niño y un perro, saludó al pájaro que vive junto al Salto del Ángel, al explorador amargado, a su coro de perros duchos en alta cocina, a unos bosques, a unos cielos, con vocación de bandera, que ondean en el rincón del pecho donde los mejores sueños no chapotean entre martillos, y acabada la cinta, siete horas después de ver 'Up', murió.
Descanse en paz.