AUTOR: JAVIER MARÍAS – El País – 19/07/2009
Reconozco que me da reparo hablar de anuncios de televisión. Algunos escritores y columnistas anticuados tienen a gala decir que son lo mejor que se puede ver en las pantallas y que la programación debería estar dedicada a ellos, con breves intervalos de películas, series y fútbol (en realidad no sé por qué piden eso, puesto que la televisión ya es así). Estos escritores y columnistas no hacen sino repetir, con gran retraso, una boutade que hace veinticinco años debimos de soltar en alguna ocasión cuantos escribíamos en prensa y buena parte de los que no. Como a estas alturas ya no estoy para “deslumbrar” ni para dármelas de “original” –todo el que se las da de tal resulta indefectiblemente antediluviano, es algo comprobado–, tengo los anuncios televisivos por una de las más acabadas y concentradas expresiones de la imbecilidad, la cursilería y la zafiedad humanas, con alguna rarísima excepción. Tan mal los soporto que grabo cuanto quiero ver, desde un informativo hasta un largometraje, para así poder pasar acelerados los monstruosos bloques de spots con que se idiotizan deliberadamente –es decir, se idiotizan aún más– dichos escritores y columnistas idiotas.mach zehnder modulator