“Ojalá ganara mil euros”
Fuente: El Pais
Un pedazo de la tarta de los veinte millones de empleados en España ni huele las cuatro cifras al cobrar cada mes. Es la cara más triste de una vida laboral en la que los estudios y la cualificación han perdido valor de mercado. Ocho historias de personas que sueñan ¡con llegar a ser ‘mileuristas’! O más…
El pasado mayo, una firma de ropa, Desigual, ofrecÃa un 20% de descuento en sus prendas si el comprador ganaba menos de 1.000 euros al mes. Único requisito: presentar la nómina acreditativa. Y bingo para el creador de tal campaña de marketing. El recordatorio de esa curiosa Semana del mileurista hace escapar a Victoria una sonrisa agridulce. “Creo que en Granada hay tres o cuatro tiendas de esa marca, pero no tuve tiempo de pasarmeâ€. Su maratón cotidiano comienza a las seis y cuarto de la mañana. A las siete coge un taxi hasta la estación de autobuses. Ha echado cuentas y le sale más rentable que el único coche familiar lleve a su marido al trabajo. El destino del madrugón es la Universidad de Granada, a 146 kilómetros de su residencia, donde ejerce como profesora asociada a tiempo parcial. Hoy no ha podido reagrupar sus clases en un solo dÃa, pero tiene suerte y consigue cama en un colegio universitario por 60 euros con comida incluida.
Hace dos semanas tuvo que costearse un hotel. “Granada es muy turÃstica y no es fácil encontrar chollo de última horaâ€, dice. Esta docente, que prefiere ocultar el nombre de su departamento, cobra 500 euros al mes por 18 créditos semanales lectivos. Un titular gana 2.000 euros por 24 créditos. Victoria tiene que pagar además 204 euros de autónomos, porque asà lo exige la legislación en el caso de los profesores asociados. Ella es traductora, doctora en otra especialidad, tiene dos masters homologados y un curso de experto. Gana 296 euros al mes restando el pago de autónomos y sin descontar el transporte, la manutención y la hipoteca de 700 euros mensuales, que soporta gracias al sueldo de su marido, también profesor. Ambos tienen 35 años. “Ahora ya sabes por qué no tengo hijosâ€, relata preocupada porque la Universidad de Granada pueda tomar represalias contra ella por contar su historia en este reportaje. Aparte de las horas de investigación, seminarios y publicación de artÃculos, completa su sueldo con trabajos de traducción para particulares. Ella, como muchos otros profesores asociados, lleva años (Victoria, siete) esperando conseguir el favor del director de su departamento para que convoque su plaza por oposición, mientras que ve cómo alumnos suyos consiguen, con menos expediente, su plaza de titular. “En otros paÃses, como Inglaterra o EE UU, el acceso al funcionariado no precisa pasar por oposiciones y se hace por concurso de méritos. Un médico elegido a dedo puede llegar a matar. Un profesor titular elegido a dedo y sin los conocimientos adecuados no enseña. Y eso repercute, mucho más que en mi bolsillo, en la formación futura de la sociedadâ€, aclara Victoria.
¿Será que el sistema educativo español es una fábrica de aspirantes a mileuristas? La OCDE –organismo que agrupa las 30 economÃas más desarrolladas del mundo– suspende a España cuando señala que es el único paÃs miembro en el que una carrera universitaria no aumenta las posibilidades de encontrar un buen trabajo. Y, por si fuera poco, la tasa de paro entre titulados universitarios de 25 a 34 años es del 11,5%, una de las más altas de Europa, que se sitúa en un 6,2 %, frente al 6,5 % de 2005, según el Eurydice. No en vano, un sondeo del Instituto de la Juventud (Injuve) revela que el empleo de la gente joven se caracteriza por “la pobre relación entre el empleo y la formación, la marcada temporalidad en la contratación y por ser trabajos que se consiguen a través de redes familiares y de amigosâ€.
“La teorÃa era sencilla: a más educación, más sueldoâ€, apunta el marido de Victoria. “El bajo salario engendra vivienda precaria, retraso en la maternidad, deudas, pagos aplazados y, sobre todo, la consiguiente depresión por haberse formado para nadaâ€. EstadÃsticamente, la horquilla salarial va desde los 12.903,30 euros de media anual de los trabajadores sin estudios a los 32.997,45 euros de los licenciados, ingenieros superiores y doctores. El caso de Victoria y sus flamantes tÃtulos académicos no encaja con las medias del Instituto Nacional de EstadÃstica (INE). Y ella no es la única.
En el foro de www.mileuristas.es, Ramón Sangüesa, uno de los fundadores del popular site, arenga: “El tÃtulo universitario no garantiza, como asà fue para los padres de los mileuristas, una mejor ubicación profesional. Las empresas premian competencias y no tÃtulos. Y nuestro sistema educativo no acaba de dar lo primeroâ€.
En este rincón virtual abundan los llamados JASP. Es decir, “jóvenes aunque sobradamente preparadosâ€, que se enfrentan con poco más de 166.000 de las antiguas pesetas a alquileres, a hipotecas con un Euribor merodeando el 4%, a un IPC siempre latente, a empleos precarios para los que su titulación se considera, pero no se retribuye… Unos los ven como niños de papá, quejicosos aunque conformistas, con una vida de eternos estudiantes en pisos compartidos o en casa de sus progenitores, utilizando sus escuetos salarios para sus gastos (que van del coche al portátil, pasando por los veranos multiaventura) y sin verdaderas ganas de luchar por un cambio. Otros opinan que son la joven cartera de valores que el paÃs está dejando desperdiciar.
Y no hablamos sólo de fuga de cerebros. “El empleo precario atocina y engendra mediocridad. Esto repercute en todos, no sólo afecta a mi bolsilloâ€, puntualiza Irma Beneras, licenciada en Ciencias de la Información y teleoperadora con 872 euros en nómina mensual. Con 39 años, ni siquiera gana los mil euros. El fenómeno mileurista ha destapado casos como el de Irma o el de Victoria: abundan hasta los aspirantes a las cuatro cifras. Aquellos que al abrir sus nóminas cada mes exclaman en silencio: “¡Ojalá llegase yo a mil euros! El último sondeo de opinión del Injuve en 2006 revela que del 39% de los jóvenes que se dedican en exclusiva al trabajo, sólo la mitad disponen de “independencia económica suficienteâ€. Irma se sorprende: “No entiendo cómo se manejan estos datos y a nadie le pitan los oÃdosâ€, exclama.
Madrid es la tercera provincia española en la que a los jóvenes les cuesta más acceder a una vivienda libre, ya que ésta supone el 79,6% del total de su sueldo, según el Observatorio Joven de la Vivienda. Carmen Sánchez, filóloga de 36 años metida a teleoperadora por 820 euros al mes, no conocÃa la estadÃstica, pero la padece. Acaba de volver del trabajo y sube algo de compra a un tercero sin ascensor situado en la barriada de San Juan, en Vicálvaro (Madrid). “He tenido suerte. Me independicé de mis padres con 34 años gracias a que mi novio tenÃa esta casa. Siempre hay algo que te salva, y la rueda sigue sin que el sistema se modifiqueâ€, puntualiza. La encuesta sobre condiciones de vida en España en 2005 asegura que se considera pobre al que recibe menos de 530 euros netos al mes. La cifra, discutida por algunos expertos, no difiere mucho del salario mÃnimo en España: 540 euros. Por esta sencilla regla, Carmen, antes de independizarse, estaba rozando la pobreza; Victoria es pobre y da un empujón a su escueto salario gracias a traducciones freelance. La misma tabla de salvación de Irma, que completa su sueldo con trabajos de fotografÃa. “Los pobres del siglo XIX y principios del XX (los obreros con cualificación, los agricultores o los ancianos) pertenecen a la sociedad que desaparece. Los nuevos pobres de hoy en dÃa son los jóvenesâ€, escribe el sociólogo francés y profesor de ciencias polÃticas Louis Chauvel. Por cierto, casi un 20% de la población española, quinta economÃa europea, vive por debajo del umbral de la pobreza. En el saco de los aspirantes a mileuristas conviven ancianos, padres de familia y sus preparados cachorros. Aunque la pobreza también tiene sus clases. MartÃn Carrillo, que vive en un piso compartido en Barcelona y es pasante en un bufete de abogados, lo explica. “Gano 750 euros, gasto 250 en alquiler, 180 en la letra del coche, 200 del portátil, y tiemblo cuando la Visa llega, pero no me considero pobre porque tengo el colchón de mis padres. Me intento abrir camino, pero siempre puedo volver a casaâ€, resuelve.
La historia de los que ansÃan mil euros no difiere de la de los mileuristas. Nacieron entre 1965 y 1980, sortearon las crisis económicas de 1974 y 1992 y se aprovecharon de una aparente bonanza económica (según la Encuesta de Población Activa, en 1995 habÃa 12 millones de personas con empleo. Diez años después, la cifra se eleva a 20,9 millones). Los sociólogos coinciden: se generaron demasiadas expectativas para una generación que encadena contratos precarios no relacionados con su formación académica. “Hoy, a mi hijo no le dirÃa que estudiase, sino que se hiciera comercial…â€, barrunta decepcionada Carmen Sánchez. Dentro de la reforma del mercado laboral, el pasado 1 de julio entró en vigor un plan de choque con ayuda durante cuatro años por trabajador para que el empresario convierta los contratos laborales en indefinidos. Estas bonificaciones, con caducidad el 31 de diciembre de 2006, han disparado la contratación indefinida. “¡Bravo! La generación mejor preparada de la historia de España consigue contrato fijo porque hay una ley que bonifica al empresario, no por el reconocimiento de nuestros méritosâ€, comenta Salomón Aguado, actuario ganador en 2001 del Primer Premio Nacional Fin de Carrera al Mejor Expediente Académico. Su indignación le llevó a apuntarse a la Asociación de Becarios Precarios de Madrid por aquello de “la unión hace la fuerzaâ€.
La sobreabundancia de universitarios sin un mercado real y la falta de convenios laborales entre la empresa privada y la universidad parecen ser la causa de los bajos salarios para seis de los ocho protagonistas de este reportaje. “Uno de los principales problemas del mileurismo es que en la empresa privada no valoran los conocimientos del universitario. Consideran que no les son útiles y, por tanto, no tienen por qué pagarlos. Sin embargo, en los próximos años las empresas españolas van a tener que evolucionar para adaptarse a los nuevos retos que impone una economÃa globalizadaâ€, coinciden.
El resto de la culpa se lo llevan el euro, una inexistente reforma del mercado laboral y el alucinante precio del ladrillo patrio. Según un estudio del IESE Business School, los sueldos de los españoles no han crecido respecto a lo que se ganaba allá por el año 1997. El salario medio, situado en 1.557 euros brutos, es una cifra similar a la de hace nueve años. La consecuencia es que el poder adquisitivo se rebaja y se rebaja. El IESE indica que a comienzos de 2007, el ritmo de creación de empleo representará “la menor incorporación de trabajadores de los últimos cuatro añosâ€. ¿Por qué España engendra tanto mileurista? ¿Qué pasará cuando los padres de los mileuristas se jubilen? ¿Dónde estará el colchón?
Ignacio Prat: “Mi futuro es bastante inciertoâ€
37 años. Estudió hasta BUP y trabajaba en hostelerÃa en turno de noche, pero se ha separado y ha tenido que cambiar de ciudad para vivir con sus padres y afrontar el cuidado de su hijo, de 10 años, al que considera “su gran fortunaâ€. Cobra 750 euros al mes de prestación por desempleo. “Dicen de los ‘mileuristas’, pero ¡ojalá hoy fuera yo uno de ellos! Mi futuro es bastante incierto. Intentaré optar a algún piso de protección oficial, pediré beca para los estudios de mi hijo, y desde el paro me han ofrecido un curso de técnico informático para reciclarmeâ€.
Irma Beneras: “Con 1.400 euros al mes, yo vivirÃa bienâ€
39 años. Española de origen ecuatoriano. Licenciada en Ciencias de la Información. Trabaja en ‘telemarketing’ 37 horas semanales y dos sábados al mes. Sueldo: 872 euros. Paga hipoteca de 300 euros al mes por un piso de 40 metros.
“¿Para vivir bien?â€, Irma sonrÃe, “1.400 euros al mes, no estarÃa mal. Ganar 1.000 serÃa un primer paso. Me permitirÃa pagar sin apuros mi hipoteca de 300 euros, sacarme el carné de conducir y comprar un coche, porque mi trabajo está a una hora y cuarto de mi casa en transporte público. Mi sueldo son 872 euros, incluye las pagas extras prorrateadas, y no creas que un supervisor cobra mucho más. Me tengo que pagar la comida aparte y acabo comprando todo a plazos. Vivir con menos de 1.000 euros en una ciudad como Madrid es una locura. No te permite ahorrar y el único secreto es autolimitarte: pocos extras y pocas vacaciones. Por mi trabajo en gestión de cobros tengo mucho contacto con gente que vive por encima de sus posibilidades. Conozco miles de historias de coches que se quedan en la segunda letraâ€. A Irma le ha costado mucho dar cada paso. “En Ecuador trabajé muy duro tres años sólo para comprarme el billete de avión a España. En Madrid empecé cuidando niños de interna y logré terminar mis estudios en la Universidad Complutense ganando 600 euros al mes. Luego compartà piso según me salÃan trabajos de comercial, y hace cinco años compré este estudio, que en origen era un local. Mi sueldo lo completo con trabajos de fotografÃa, gracias a este extra me puedo permitir vacaciones. Las devoluciones de Hacienda también facilitan las cosasâ€, sonrÃe. Irma lleva dos años con un contrato de obra y servicio. “Al tercero me hacen fija o me echan a la calle. Los trabajos mediocres conllevan sueldos mediocres. Muchos empleos como el mÃo no reciben formación especÃfica antes de empezar. Mucha gente tiene que aprender a fuerza de errores. La precariedad laboral engendra gente de paso, muchas veces con una buena formación y aptitudes. ¿Mi sueño? Ser fotógrafa autónoma. ¿Tan descabellado es aspirar a trabajar en lo que te has formado?â€.
Salomón Aguado: “Siendo becario, los bancos no me daban ni los buenos dÃasâ€
29 años. Diplomado en Ciencias Empresariales y licenciado en Ciencias Actuariales y Financieras. En 2001 fue primer premio Nacional Fin de Carrera al Mejor Expediente Académico. Es actuario e investigador en la Universidad Politécnica de Madrid. Gana 995 euros al mes.
“Con esas notas no tendrás problemasâ€. Ésta es la frase que más ha oÃdo Salomón desde que en 2001 recogió el Primer Premio Nacional al Mejor Expediente Académico. “Ha pasado un lustro y no he dejado de trabajar, pero por primera vez llevo seis meses cotizando a la Seguridad Social. He ganado derechos sociales, pero he perdido la condición de mileurista y me he quedado a las puertas de las cuatro cifras. En este tiempo he hecho de todo y, curiosamente, obtuve uno de mis primeros trabajos, como responsable de producción en una siderometalúrgica, gracias a un contacto familiar. Mi expediente sirvió de poco. Tras dar varios tumbos, en 2003 me rescató el vicedecano de la Universidad Carlos III y entré en la Escuela de Agrónomos como actuario para una investigación sobre seguros agrarios. Hoy no llego a 1.000 euros, pero cotizo y la sociedad te hace sentir como si te hubieran tocado con la varita mágica; llegas a pensar que el trabajo es un privilegio, no un derecho. Mi jefe me pide que confÃe en él y, de momento, me ha asegurado un contrato hasta que obtenga el tÃtulo de doctor. He descartado estudiar una oposición: no me puedo permitir el lujo de dejar de trabajar para ocuparme de eso. Si no sacas un buen número, no merece la pena. La competencia es brutalâ€, matiza. Salomón vive con sus padres en Pinto (Madrid) y contribuye a la economÃa familiar con parte de su sueldo. Está soltero y se ha lanzado a la aventura de comprar vivienda. “En una cooperativa. Al bajo sueldo se une la barrera de no tener pareja. Comprar solo es una locura, pero debo aprovechar mi contrato. Cuando era becario, en los bancos no me daban ni los ‘buenos dÃas’. Llegar a 2.000 euros serÃa fabuloso, pero para una vida digna, de acuerdo con mi titulación actual y cuatro años de experiencia, lo apropiado serÃan al menos 1.500â€.
Marina Molina: “Los tÃtulos no garantizan un buen sueldoâ€
19 años. Posee el graduado escolar. Trabaja de cajera de supermercado con una jornada de 16.30 a 21.30, sábados incluidos. Vive con sus padres y quiere el dinero para salir y pagarse el carné de conducir. Gana 541 euros al mes.
“En mi trabajo, nadie llega a los mil euros, ni siquiera los supervisores. Creo que ni haciendo 40 horas semanales llegarÃa a esa cantidadâ€, dice Marina, que lleva siete meses de cajera en una gran superficie. Su trayectoria no es distinta de la de sus otros compañeros de colegio. “No todos han hecho selectividad, y conozco mucha gente que prefiere empezar ya a trabajar para pagarse sus gastos. No creo que los tÃtulos académicos sean una garantÃa para conseguir un buen sueldoâ€, dice mirando cómplice a una amiga. Tras pasar por varios comercios, ha conseguido un contrato indefinido y alguna ventaja, como un descuento de un 10% en compras, “aunque mi familia no lo usa porque en este supermercado no se permite el pago aplazadoâ€, recalca. A Marina le gustarÃa ganar más porque “manejamos dinero a diario, y eso es una responsabilidad que no se paga. Como primer trabajo, pienso que está bien lo que hago, e intento compatibilizarlo con los estudios, pero es muy duro. Llego a casa después de las diez de la noche y bastante tengo con preparar el carné de conducir. PreferirÃa trabajar en una perfumerÃa como esteticista, pero no he estudiado nada relacionado con eso. Me lo tengo que plantear. Si fuera mileurista, me podrÃa permitir pagarme un Hyundai Coupé. En mi casa soy la pequeña de tres hermanos. Mi hermana ha estudiado mucho, por todos, y tampoco gana una millonada; mi hermano es mecánico y vive con mis padres. Yo creo que seré la primera en independizarmeâ€.
Carmen Sánchez: “Hay muchas carreras sin un mercado laboral realâ€
35 años. Licenciada en FilologÃa Hispánica. Trabaja en administración y atención telefónica 40 horas semanales. Gana 820 euros con pagas prorrateadas. Vive con su pareja en el piso de él.
“No me arrepiento en absoluto de haber estudiado filologÃa hispánica. Pero no me ha servido laboralmente. Te valoran que tengas carrera, porque se supone que si trabajas de cara al cliente, como es mi caso, tienes una formación añadida y sabes expresarte mejor. Lo valoran, pero no se retribuye. De hecho, en mi departamento hay un buen porcentaje con carrera superior. Si volviera a empezar… suena triste, pero quizá no estudiarÃaâ€. Carmen trabaja en una empresa de distribución de material de oficina en recepción de pedidos y coordinando la labor de los comerciales. Después de varios cursos de formación, se cansó de buscar trabajo como documentalista y encontró un hueco en la atención telefónica. “Paradójicamente, cuenta más la experiencia que la formación académica. Mi trabajo actual no es sólo coger el teléfono. Ser resolutivo, coordinar con eficacia, ser conciso y ser la cara, frente a clientes y comerciales, de tu empresa deberÃa estar mejor remunerado. Me gusta mucho mi trabajo, pero me dan palmaditas en la espalda y no me suben el sueldo. He ahorrado porque hasta hace dos años vivà con mis padres e invertà en un apartamento en Alicante por el que pago 300 euros al mes. Creo sinceramente que tendrÃa que cambiar el sistema. Si alguien funciona, estimulémosle con un salario digno. En España tenemos un sistema educativo erróneo. Por un lado, se ha abierto la veda de la educación y es fabuloso. Pero también hay muchas carreras sin un mercado laboral real.
TodavÃa recuerdo cuando me presenté a una oposición para auxiliar de biblioteca. Eran 25 plazas y 6.000 candidatos. Si la empresa privada no fomenta cuidar sus archivos, como se hace en Europa, y la Administración no crea plazas, ¿para qué han creado una carrera de documentalista? Y esto es sólo un ejemploâ€.
Sheila GarcÃa: “Mi profesión funciona con contactos, y yo no tengoâ€
23 años. Licenciada en PsicologÃa. Trabaja como promotora y se paga un ‘master’ en psicologÃa en situaciones de riesgo y catástrofes naturales. Gana una media de 576 euros.
“SabÃa que cuando terminase la carrera, nadie me iba a estar esperando para contratarmeâ€, dice serena esta aspirante a psicóloga clÃnica con la licenciatura aún caliente bajo el brazo. “Mi profesión funciona con contactos, y yo no los tengo. He escalonado los currÃculos y, de momento, me he metido en una agencia de promociones. Ya he trabajado como azafata en supermercados, presentaciones de videojuegos y promociones del carné joven. No es mi objetivo, pero no quiero apalancarme en casa de mis padres, como les está pasando a algunos compañeros. ¿Por qué no opto a trabajos de psicologÃa? Porque se asimilan a voluntariado y no se cobra con la excusa de que consigues experiencia. El gran problema de los licenciados en PsicologÃa es el voluntariado, que impide la contratación de verdaderos profesionales del sector. Nuestra sociedad no tiene claro que el apoyo psicológico exige profesionalización para poder ejercerlo con efectividad. Muchos de mis compañeros de promoción han acabado siendo becarios en los departamentos de recursos humanos, yo confÃo en que saldré adelante. Gracias a que aún vivo con mis padres, puedo invertir mi sueldo en un diploma de posgrado en salud mental en situaciones de violencia polÃtica y catástrofes. El resto del dinero lo ahorro. Hoy por hoy, si al menos fuera mileurista, me podrÃa permitir comprar más libros para mi formación, ahorrar más y viajar, ahora que soy joven. La hipoteca la descarto. Con mil euros, no nos engañemos, es una locura ponerse a comprar viviendaâ€.
Marcos Pita: “Un investigador rara vez supera los mil eurosâ€
28 años. Doctor en QuÃmica. Después de varios trabajos precarios, le han ofrecido empleo en una universidad de Estados Unidos con un sueldo de 2.200 euros.
Su media de nómina en España: 962 euros. Vive con su madre.
Marcos ha desistido. Trabajó como investigador en el Instituto de Catálisis del Centro Superior de Investigaciones CientÃficas en Madrid; pasó tres meses en Holanda y otros tres en Suecia terminando el doctorado. En junio consiguió el tÃtulo, y durante los cinco años de tesis doctoral ingresó una media de 962 euros al mes con impuestos incluidos. “Un investigador rara vez supera los mil, y en la mayorÃa de los casos ni los alcanza. Por suerte, gracias a mis jefes en Suecia y en España he conseguido un contrato posdoctoral, de uno a cuatro años, en la Universidad de Clarkson. Allà podré terminar mi investigación en sÃntesis de nanopartÃculas. Me pagan unos 2.200 euros al mes y dicen que alquilar un chalé sale por unos 600. El cambio de vida es considerable y estoy decidido a emigrarâ€, dice este joven que es vicepresidente de la Asociación de Becarios Precarios de Madrid. “Me apunté a la asociación porque me iban a subir el IRPF de la beca. Sólo contamos como trabajadores para lo negativo. En teorÃa, Ãbamos a tener derecho a bajas laborales desde junio, pero va todo muy despacio. Los becarios de investigación no tenemos desempleo al acabar y te puedes pasar años en un departamento. Por no hablar de bajas de maternidad. En Suecia, a las embarazadas becarias se la alargan dos añosâ€. En cuanto a la vivienda: “Es inviable derivar un 80% del sueldo a su compra, y tampoco se fomenta el alquiler joven… Tras una relación de pareja he vuelto a casa de mi madre; era imposible alquilar soloâ€.